Un largo camino

Sí. Ha sido largo el camino, aunque afortunadamente lo voy recorriendo en excelente compañía. Un abrazo, amigos.

Dicen, y creo que dicen bien, que un largo viaje comienza con el simple gesto que supone echar a andar, un pie detrás del otro y el otro detrás del uno. Dicen, del mismo modo, que lo importante en realidad es el viaje en sí y no el destino al que nos lleva. Estoy completamente de acuerdo con semejante filosofía; ella me ha traído al punto de mi particular devenir en el que ahora me encuentro, un instante en la trayectoria de mi vida en el que es necesario echar la vista atrás cada vez con mayor frecuencia.

¿Cómo comencé mi andadura en el arte de la arquería? ¿Qué cúmulo de sucesos, de conjuras astrales se aunaron para conseguir atarme de por vida al arco y a las flechas? Tranquilos. No os voy a castigar con el anecdotario propio de alguien que comienza a hablar consigo mismo con sospechosa facilidad, en absoluto; más bien, voy a hablaros, si me lo permitís, de cómo escoger vuestro primer arco, siquiera sea porque esa es la ineluctable manera de comenzar el camino al que me refiero.

Siempre que tomo contacto con un nuevo arquero, con alguien que se acerca a mí lleno de ilusión por el arte que amamos, las primeras frases que me dirigen suelen estar cortadas por el mismo patrón: “quiero tirar con arco, pero no tengo ni idea”; “creo que me gustaría mucho el tiro con arco, pero no sé por dónde empezar”, y así hasta el infinito, en variaciones con repetición de los mismos elementos tomados a gusto del consumidor.

Y ello, aún a estas alturas de nuestra particular película en España, resulta perfectamente lógico, porque nadie nace enseñado. Desde luego, soy de la opinión de que las principales dificultades radican en la elección de un equipo para empezar a practicar: casi todo el mundo tiene bastante claro lo que desea hacer con un arco en la mano, bien sea jugarse unas cervezas con los amigos, bien acabar participando en los Juegos Olímpicos, bien protagonizar ese lance de caza tantas veces soñado.

Así que ¿cómo escoger ese primer arco y el resto del equipo que le acompaña? ¿Cómo invertir correctamente el presupuesto del que dispongamos? A bote pronto, se me ocurren tres vías hoy día, si bien es cierto que dos de ellas son añejas; funcionaban antaño, cuando yo comencé a tirar con arco, y siguen haciéndolo hogaño, en compañía de una tercera.

En primer lugar, cualquier miembro de cualquier club de tiro con arco, si realmente es digno del apelativo de arquero, estará encantado de orientar al novicio por los primeros vericuetos de la arquería, compartiendo con él sus conocimientos y experiencia y aconsejándole a la hora de adquirir su equipo de iniciación. Esta forma de aproximarse a la arquería tan solo cuenta con un inconveniente, propiciado, las más de las veces, por un exceso de cariño de los veteranos hacia el novato, que se refleja en la práctica cuando tres o cuatro personas pretenden, a la vez, enseñar al principiante los conocimientos básicos para moverse con soltura por nuestro universo. El resultado, conseguido con la mejor de las intenciones, no puede ser más contraproducente, ni el alumno, aunque se lo propusiera, puede quedar más descolocado que en ese preciso momento, con la cabeza llena de pulgadas, grains y calibres.

Por lo tanto, si ese es tu modo de aproximarte a la arquería, elige para ello a una persona que cuente con tu confianza, sea cual fuere el motivo, y solamente a ella. Con toda seguridad, habrá arqueros mucho mejores que él, pero el método ideal para abrumarse con la arquería en tus primeros compases es escuchar los consejos de todo un club a la vez. Para el arquero que tú elijas será un honor que, de su mano, te cuentes un día entre quienes le superen en conocimientos y habilidad; ello demostrará patentemente su valía como mentor y él encontrará en tu éxito su recompensa. No olvides nunca que la arquería es, en última instancia, un espejo de la vida.

La segunda manera de llegar a nosotros, los arqueros, y mi favorita sin dudarlo, es acudir al consejo de un profesional. A pesar de algunos sinvergüenzas a los que el tiempo y el mercado van poniendo en su sitio, la verdad es que en España contamos con un cierto número de comercios especializados que no tienen nada que envidiar a los del resto de Europa en lo tocante a preparación y disponibilidad de material. El interés de un auténtico profesional consiste en que hagas una compra razonable, en que adquieras un equipo ajustado realmente a tus necesidades, a tu físico y a tus posibilidades, para que cuajes así como arquero y te sientas satisfecho de sus servicios: para él, esa será la mejor de las publicidades. Te convertirás en un cliente fiel y, en algunos casos, en un amigo y compañero de aventuras.

Y la tercera manera, que con muchas dificultades adivinábamos en un lejano horizonte en los tiempos magníficos en los que yo empecé mi relación con el arco y las flechas, es desde luego la red de redes. El caudal de información que hoy día brinda internet es ciertamente monstruoso, desmedido y abrumador. Miles de textos, imágenes y vídeos esperan al otro lado de la pantalla para colmarte de conocimientos, aunque muchos de ellos sean superfluos. No hay obstáculo alguno para que te empapes hasta la saciedad de todo lo que tenga que ver con el tiro y la caza con arco, si ese es el caso. No obstante, creo honradamente que se impone, también en esta vía, la compañía de alguien que sepa más que tú, sin duda, para que no te pierdas en el vertiginoso laberinto de la red.

Así pues, supongamos que ya te hallas, solo o acompañado por tu padrino, en una tienda o frente a una web especializadas, un tanto confuso por la cantidad de material que contemplas y sin saber muy bien por dónde comenzar el asalto. Perfecto; relájate y disfruta.

PRIMER PASO, EL ARCO

Es fundamental que tengas más o menos claro desde un primer momento a qué disciplina, de las muchas que contempla la arquería, te quieres dedicar, o qué camino pretendes recorrer tirando con arco. Aunque simplemente aspires a jugarte el vermut el sábado con los amigos, este asunto es uno de los que debes comentar con el vendedor, puesto que le ayudará a aconsejarte en tu compra. Recurvado, poleas o longbow; es casi seguro que tus deseos podrán realizarse mediante el uso de todos o de cualquiera de ellos.

Determinada tu medida de apertura (draw length), valor este del que ya hablaremos más adelante, habrá que examinar qué tipo de arco prefieres.

El arco de poleas, o compuesto, goza de gran predicamento en España desde que la caza con arco llegó hasta nosotros, es decir, unos treinta años más o menos. Y ello se debe a que su apertura, merced a su mecanismo de desmultiplicación del esfuerzo, o let off, resulta sencilla y pone al alcance de casi todas las espaldas las potencias necesarias para la caza, algo elevadas. Además, dicha facilidad en la apertura permite la toma de puntería por un espacio de tiempo superior al que toleran otro tipo de arcos. Tanto la medida de su apertura como la fuerza de sus palas (draw weight) suelen ser regulables entre un mínimo y un máximo, lo que otorga al poleas una gran versatilidad, y el entrenamiento requerido para comenzar a extraer de uno de estos ingenios todo lo que lleva dentro es casi siempre inferior al requerido para el mismo menester si hablamos de arcos tradicionales, puesto que responde al esfuerzo del arquero con más prontitud que los arcos más sencillos.

Por todo ello, si vas a ser un tirador de fin de semana, si tu objetivo principal es lo que conocemos como arquería lúdica, o si, finalmente, eres un tipo tirando a cómodo, cualquier modelo de los basados en la patente de H. Wilbur Allen, del año 1966 -es decir, cualquier arco compuesto- será la eleccion adecuada para ti.

Los arcos recurvados y los longbows se conocen como arcos tradicionales, apelativo que se aplica igualmente a quien practica el tiro y la caza con arco con equipos de esta clase. Ambos resultan ser, tanto en su concepción física como en su manejo, absolutamente disímiles de sus hermanos de poleas. Estéticamente son mucho más elegantes y vistosos -al menos así me lo parece a mí- , y a la hora de entrenar con ellos te costará mucho más trabajo meterles en cintura y hacer que trabajen para ti del modo que deseas.

Si escoges un recurvado, tendrás que iniciarte con él mediante un juego de palas de escasa potencia, puesto que el único auxilio que estos arcos presentan a la hora de su apertura es, precisamente, la recurva de sus palas. En el caso de un longbow, no existe ayuda alguna cuando hay que vencer la fuerza de sus palas, por lo que estas deben ser, si cabe, más suaves aún que las del recurvado, menos pesadas. Es conveniente destacar que tanto el recurvado como el longbow exigirán mayor esfuerzo muscular cuanto más los abras, cosa que no hará el poleas, puesto que tiene una medida de apertura fija.

Así pues, palas ligeras, paciencia a raudales y práctica, sobre todo mucha practica, son los requisitos esenciales para llegar a buen puerto manejando estos artilugios. resultan ideales para la caza mayor y menor, pero los librajes que requiere la primera pueden no estar, en principio, al alcance de todo el mundo. Para mi gusto, son la expresión definitiva de todo cuanto hay de bello y de evocador en la arquería de caza, tanto por su elegante estética como por el desafío añadido que comporta su manejo.

Un apunte rápido con respecto a la potencia del arco, sea del tipo que sea: la arquería y la caza con arco son actividades para gente responsable y dueño de sus actos, no para machotes de pelo en pecho; están pensadas para disfrutarlas, no para sufrirlas, de manera que procura no integrarte en las nutridas filas de quienes aspiran a dolorosas lesiones musculares por el mero hecho de tirar -o aspirar a hacerlo- muy pasados de libraje. Si en un futuro eres capaz de dominar (dominar no es lo mismo que abrir, ojo) un titán de noventa libras, adelante con las farolas. Si no es así, tasca el freno, que todo llega en la vida… si es que tiene que llegar.

Actualmente podemos contemplar en competición estos tres tipos de arcos, si bien en el tiro olímpico tan solo encontraremos poleas y recurvados, quedando el longbow prácticamente relegado a los recorridos de bosque y de caza 3D.

Muy bien, ya hemos escogido el arco. Lo ideal sería probarlo, pero como eso no siempre es posible, puede resultar prudente probar el de algún compañero que resulte similar al arma que hemos escogido. A pesar de que eres novel en el asunto y de que cualquier arco te puede parecer imposible de tensar, es necesario que sientas la sensación que supone su manejo. El feeling que te trasmitirá, si estás a gusto con él o no, si te resulta o no demasiado pesado o ligero, si es fácil de empuñar, si es veloz, etc., etc. Aunque pueda sonarte a broma, en el futuro comprobarás que tu rendimiento con el arco en la mano está estrechamente ligado con tus sentimientos hacia él. El arquero que se siente cómodo con su equipo extrae del mismo los mejores resultados que quien se encuentra en la situación contraria.

Y AHORA, LA FLECHA

Acabada tu prueba de una manera o de otra, el profesional que te asiste deberá buscar para ti el complemento indispensable de tu arco, el ying del yang, su razón de ser: la flecha. Esta importantísima parte de tu equipo -hoy día casi más que el arco, sin duda- ha de ser objeto de una atención esmerada a la hora de completar tu configuración inicial, ya que es imprescindible que su calibre se ajuste a tus características físicas y a las del arco que pretendes adquirir, como es lógico. Quizá no sea este el momento más adecuado para abordar las numerosas complejidades por las que hay que navegar para escoger correctamente el calibre perfecto para ti, pero bástete con saber que no es un asunto en absoluto baladí y que requiere su tiempo, e incluso probar y equivocarse.

Reina hoy día de manera indiscutible el tubo de carbono entre nosotros, sea cual fuere la disciplina que practiquemos dentro del tiro con arco. Cuando yo empecé, nos encontrábamos en la era dorada del aluminio; acabábamos de dejar atrás los pesados y frágiles tubos de fibra de vidrio y el carbono comenzaba a incursionar en campos de tiro y cazaderos, ciertamente con algo de timidez al principio. La madera, magnífico material siempre vivo y cambiante, quedaba -aún queda- para los más exigentes y para los bolsillos mejor dotados, y el aluminio-carbono se enseñoreaba de las lineas de tiro, con sus finísimos y caros tubos.

Permitidme un consejo: invertid en el arco y en las flechas la mayor parte de vuestro presupuesto, y si hay que apretarse un poco el cinturón, restad del precio del arco, no del de las flechas. Ya llegará, si ese es el caso, el momento de completar el equipo buscando ciertos artículos de mayor calidad, pero por ahora lo lógico es centrarse en que el binomio arco/flechas funcione para vosotros como ha de ser, por aquello de no perder la afición a las primeras de cambio a causa de un equipo que no acaba de rendir con claridad por culpa de un excesivo ahorro en sus componentes fundamentales.

ALGUNOS CHISMES MÁS

Si a lo anterior añadimos una dactilera, suave y cómoda, y un protector, guardabrazos, brazalete o antequera -que todos esos nombres recibe-, junto con un carcaj o aljaba para las flechas, creo que podríamos dar por terminada nuestra adquisición del equipo básico para comenzar a tirar con arco. No es aconsejable comprar en un primer momento un guante de caza, porque entiendo que dificulta el aprendizaje y la mecanización de la suelta, instante crucial del disparo, como tampoco es recomendable prescindir de la dactilera o el protector; la cuerda del arco provoca con envidiable facilidad derrames internos en las articulaciones de los dedos, dolorosos y lentos de curar, y puede ocasionar espectaculares cardenales en los antebrazos de los novatos imprudentes, con herida sangrante incluida y una espléndida gama de colores violáceos.

Hay quien añade a su equipo básico una mira o visor, ya sea de caza y campo, ya de precisión. Creo que puede ser una buena medida, porque el uso de un visor contribuye a disciplinar al arquero y facilita el aprendizaje de la mecánica de tiro; aún así, haced en este sentido lo que os pida el cuerpo: el tiro instintivo puro es, con mucho, el más difícil de todos los estilos…

En fin, bienvenidos a nuestro mundo. Si vuestra afición crece y sentís la llamada del bosque, supongo que no tardaremos mucho, vosotros y yo, en compartir experiencias y recuerdos al amor de la lumbre de cualquier campamento de caza o en medio de la camaradería y el buen rollo de un recorrido 3D, siempre con nuestra arma favorita en la mano.

Hasta entonces, un saludo y buena caza.

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Acerca de Leizael

Abogado, juntaletras, cazador arquero apasionado... y muy poca cosa más, creo.
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