Mensajeras aladas

Silenciosas, letales… y tremendamente importantes.

El venado pastaba en completo silencio a veinte metros escasos de mí. La jugosa hierba le llenaba la boca golosa y el hermoso animal levantaba la cabeza de cuando en cuando para asegurarse de que no le acechaba peligro alguno. Me incorporé en mitad de la espesura para buscar una mayor comodidad en el disparo, y me dispuse a conseguir el trágico final que la ceremonia de la caza exige. Con el arco ya tendido, busqué un punto en el que concentrar mi atención, repasé mentalmente todo el ciclo de preparación del disparo y, finalmente, dejé partir la flecha… que nunca llegó a su destino. Un quiebro espectacular del gran ciervo, que tiró de toda su anatomía violentamente hacia atrás y hacia la derecha, una pequeña nube de polvo que sus cascos levantaron y catorce preciosas puntas perdiéndose a toda velocidad en lo profundo de la espesura: así acabó todo.

Sí, ya sé que no soy el único que puede firmar una historia como esta, hasta ahí podíamos llegar. Hay un muy abultado excusario a entera disposición del cazador arquero a la hora de explicar por qué hemos fallado una pieza o, peor aún, por qué hemos realizado un pésimo disparo. Entre las más populares, el tristemente clásico string jumping, el llenarse de bicho, unas ramas que no estaban allí, lo juro, y juzgar erróneamente la distancia, por citar unas pocas. Lo que nunca oiremos, casi con completa seguridad, como justificación de un error serio, es una referencia al pobre rendimiento de nuestras flechas, entre otras cosas porque semejante factor es casi imposible de conocer y porque -seamos sinceros- nunca repararíamos en algo así.

La mayoría de nosotros, camuflados mortales, asumimos que cada una de nuestras flechas es tan buena como cualquiera de las otras que pueblan nuestro carcaj, y que su vuelo será, más o menos, exactamente igual que el de sus compañeras. Y, sintiéndolo en el alma, debo decir que esa afirmación dista mucho de ser verdadera. Incluso flechas idénticas en peso y en rigidez pueden comportarse de manera distinta en el aire, hecho especialmente cierto si no nivelamos correctamente la parte del tubo donde se asentará el inserto del mismo o si el emplumado está visiblemente castigado, o si utilizas flechas absurdamente baratas, que de todo hay. Así que me parece que, entre las muchas obligaciones que la práctica de la caza con arco comporta si buscamos la máxima eficacia, este asunto reviste especial importancia.

Inclinando la balanza

El peso y la rigidez de nuestras flechas depende directamente de la configuración de nuestro arco y de nuestras dimensiones físicas. Si tiramos con 40 libras y una apertura de 26 pulgadas, está clarísimo que nuestras flechas no tendrán nada que ver con las que use un compañero que maneje 70 libras a 28 pulgadas. Dicho lo cual, la mejor apuesta para cualquier configuración resulta ser, por término general, decantarse por las flechas más pesadas y rígidas que nuestro arco pueda gestionar adecuadamente.

En el momento de escoger nuevas flechas, piensa en comprar las más pesadas de entre las que las tablas de ajuste te ofrezcan. Olvídate de lo rápido que quieres que vuelen y céntrate en cuánta energía quieres que transmitan al cuerpo del animal en el momento del choque. Personalmente, tengo muy clara la respuesta. Si impacto a una presa en un sitio no demasiado acertado, siempre habrá la posibilidad de que una flecha más pesada le cause más daño del que le produciría una más ligera. Sí, ya sabemos que la punta de caza que hayamos escogido para la tarea tiene también crucial importancia, pero esa es otra historia, como diría Tolkien; ahora mismo estamos hablando de flechas de caza y es evidente que una pesada golpea más y con más fuerza que una ligera. Creo que no hay problema alguno por cargar las tintas en este asunto del máximo peso, por no hablar del daño que puede causarle a nuestro arco tirar con flechas subcalibradas.

Gordas contra delgadas

El último grito en tubos para flechas consiste en su micro diámetro. Esto es positivo y deberíamos tenerlo en cuenta por varios motivos, primero y principal por la reducción de su superficie que ello supone. Este hecho favorece una mejor penetración en el animal y aminora los efectos que el viento puede ejercer en el vuelo de la flecha y, en consecuencia, en su punto de impacto.

Un conjunto de flechas que se hayan disparado un número suficiente de veces acabará por experimentar una degradación en su integridad, lo que significa que finalmente habrá que adquirir una nueva docenita de ellas, para alegría del gremio de fabricantes: pobrecitos, de qué iban a vivir si no. He practicado bastante con viento fuerte y se nota perfectamente su influencia en tiros sobre los cuarenta metros. Aunque eso podría no ser un problema para aquellos compañeros que cacen a menor distancia -la inmensa mayoría- eso no es óbice para que intentemos ser eficaces en casi cualquier circunstancia, más que nada porque nunca se sabe dónde y cómo se nos va a presentar la ocasión soñada o una imperiosa necesidad de abatir a la pieza. Jamás dispararía contra un venado a cincuenta metros, salvo que un nuevo impacto me asegurase evitarle a él sufrimientos innecesarios y a mí un largo y laborioso pisteo, pongo por caso.

El emplumado

El emplumado funciona haciendo girar a una flecha sobre su propio eje durante el vuelo, estabilizando así el mismo. Las plumas más populares hoy son las de dos pulgadas y perfil alto, ya sean de plástico o naturales. Funcionan a la perfección suponiendo que estén dispuestas helicoidalmente con un ángulo de tres grados, aunque siempre queda la duda: ¿mejor emplumadas en recto, mejor anguladas? Los problemas pueden aparecer al utilizar puntas de caza, claro está.

Hay muchas consideraciones a tener en cuenta a la hora de ensayar con flechas nuevas, además del tipo de emplumado y del grosor del tubo. Hace poco comentaba con otro compañero asuntos similares, y él me indicaba que había probado recientemente un juego de flechas con cuatro plumas y que el vuelo con puntas de caza le había dejado boquiabierto, tanto tratándose de puntas fijas como de mecánicas. A fuer de sincero, debo decir que no he tirado con cuatro plumas en toda mi vida, pese a que efectivamente había oído contar maravillas sobre su combinación con puntas de caza, pero… he escuchado contar tantas cosas maravillosas sobre tantos asuntos cruciales en la caza con arco, que suelo no creerme nada por sistema, de manera que me tocará probar por mí mismo en este tema, más que nada por no perderme algo bueno en caso de que sea cierto. Jamás he conseguido que todas las flechas de una docena equipada con punta de caza vuelen a la perfección, siempre hay alguna rebelde que hace de las suyas, de manera que la charla con este amigo me ha dejado sumamente intrigado, ya veremos.

De cualquier manera, está claro que hay que prestar especial atención al emplumado, porque no todas las configuraciones funcionan igual de bien o igual de mal. Si tienes la habilidad, el equipo y la paciencia necesarias para montar tus propias flechas con cierta angulación en sus plumas, adelante; a mí me resulta una actividad francamente placentera, por qué no decirlo. En caso contrario, o las encargas o las compras ya hechas, pero te tocará gastar algo más de dinero a la hora de ponerte a investigar en esta materia.

Limpiando el armero

Las flechas decentes son caras, ya lo sé. También resultan ser uno de los factores más importantes de entre los que hay que tener en cuenta cuando configuramos nuestro equipo, casi tanto como lo es la elección del propio arco: me atrevería a decir que más importante si consideramos el nivel de eficacia de los arcos modernos. Pulirse ciento cincuenta o doscientos euros en unas flechas nuevas puede ser una píldora difícil de tragar, pero con el tiempo es un gasto a todas luces inevitable, sobre todo después de someter a un considerable castigo a tus compañeras aladas. Sus tubos son sometidos un increíble nivel de estrés disparo tras disparo, de manera que su integridad -y con ella la tuya- puede degradarse. No hay más que entretenerse en ver alguno de los cientos de videos que pululan por internet y que recogen a cámara lenta cómo sale una flecha desde el arco tras la suelta. La cantidad de oscilaciones que sufren es espectacular, y el continuo estrés dinámico que experimentan en su parte trasera, junto con la flexión del tubo durante el vuelo y el impacto, pueden ejercer un efecto negativo y acumulativo sobre sus prestaciones, además del peligro que para el arquero y para el arco supone manejar flechas en mal estado.

En conclusión, piensa si te ha llegado el doloroso momento de renovar tu armero. Y si así fuera, ten en cuenta el peso y la rigidez de tus nuevas flechas, además de los diversos tipos y estilos de emplumado, para asegurarte de contar con la mayor precisión posible en tus disparos, flecha por flecha. Tus presas y tu ego te lo agradecerán, y también lo hará la caza con arco.

Hasta otra y buena caza.

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Acerca de Leizael

Abogado, juntaletras, cazador arquero apasionado... y muy poca cosa más, creo.
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