Pecados capitales en la caza con arco

Capitales, graves, imperdonables… pero en la caza con arco, claro.

Ya supongo que semejante título le pondrá los pelos de punta a más de uno, por aquello de la nauseabunda corrección política que nos embarga, pero no he podido resistirme a la tentación de caer un poco en brazos del marketing más descarado, que no es otra cosa más que añadir un nuevo pecado a los que a continuación comentaremos, así que… es lo que hay. Si a estas alturas de mi particular devenir sobre la Tierra no puedo permitirme alguna que otra licencia, poética o no, apaga y vámonos. Y además, en lo tocante a esa citada corrección política, cualquier que me conozca sabe que me encanta pasármela por el arco del triunfo, siempre y en todo lugar.

Porque, acto seguido, vamos a hablar de los pecados capitales en la caza con arco, que serán diez, aunque bien visto también podrían ser quince, o trescientos cincuenta y seis, pongo por caso: por pecados, que no falte. Hay muchos más que cazadores arqueros, sin lugar a dudas, de modo que los que a continuación expongo no son sino una breve selección de los mismos. Sentíos en total libertad para añadir los vuestros propios, queridos pecadores. En fin, siguiendo igualmente los dictados del marketing sobre la materia, este tipo de títulos para los artículos los hacen más apetecibles, más digeribles para el lector, de manera que allá va eso.

Para abrir boca, citemos el “BUCK FEVER” que dicen nuestros compañeros yanquis, , es decir, lo que nosotros conocemos como “LLENARTE DE BICHO”. Este pecado, muy corriente entre cazadores de todo tipo y condición, estropea más tiros que cualquier otro factor, y controlarlo  del todo es virtualmente imposible. Sin embargo, podemos hacer algunas cosas para aminorar su influencia. Por ejemplo, mantener la mente ocupada en una lista de chequeo de cosas que hay que hacer antes de soltar la flecha, es una táctica que puede funcionar muy bien. Lo importante del asunto, una vez avistada la pieza, es seguir enfocados en algo más que en la presencia de ese animal, sin duda imponente. De alguna manera, ese doble enfoque puede contribuir a que nos serenemos un poco, que es de lo que se trata. Cada uno tendrá su propia lista, lógicamente; la mía es algo así:

1.- Determinar la distancia de tiro;

2.- Escoger un punto y colocar en él una pelota de golf imaginaria, o un CD, en el lugar donde quiero que impacte mi flecha, obviamente la zona vital del animal;

3.- Controlar que el supuesto recorrido de la flecha esté libre de obstáculos;

4.- Volver a visualizar la pelota de golf o el CD de marras;

5.- Controlar el ritmo respiratorio;

6.- Enfocar tu atención o tu pin correspondiente sobre la pelota de golf o el CD, con tranquilidad;

7- Relájate, sé paciente; usa la tensión dorsal; sigue con el arco ya abierto; apunta, enfócate; no sueltes la flecha aún;

8.- Aprende a distinguir el momento adecuado para soltar el tiro, bien a base de cazar tanto como puedas, que es lo ideal, o a base de imágenes mentales.

 Como es lógico, cuanto más caces mejor cazarás, mejor distinguirás el instante en el que es decisivo dejar partir la flecha, más te acostumbrarás a serenarte ante la presencia de una pieza de caza mayor. Por otra parte, tu mente acabará por tener que realizar un esfuerzo a la hora de separar tus imágenes mentales, si te ejercitas en ellas, de las situaciones reales, de manera que podrás familiarizarte por adelantado con situaciones de caza real, con la ventaja añadida de que mentalmente siempre puedes rebobinar para corregir errores y acabar obteniendo un disparo perfecto. 

Y que te conste que estas técnicas no son chorradas baratas ni milongas de barra de bar. Todos los atletas profesionales hacen uso de ellas porque funcionan realmente.

Otro pecadillo de los nuestros consiste en lo fácil que nos resulta CONFIARNOS CUANDO COMIENZA LA TEMPORADA o cuando inauguramos un nuevo coto o cazadero. ¿Por qué? Pues creo que porque tendemos a pensar que nuestros alrededores están aún frescos, sin contaminar, sin utilizar en exceso: todas las piezas están atontadas y a nuestra entera disposición, a tiro desde nuestro puesto favorito. Y claro, ocurre lo que ocurre: esperamos que los primeros días de caza sean siempre los mejores, cuando lo que hay que hacer es acostumbrarse a pensar en las oportunidades que se nos puedan presentar durante esos días como si fueran las únicas que vamos a tener en toda la temporada. Esa actitud nos mantendrá alertas y listos para reaccionar. 

Y qué decir de los recechos… más, mucho más de lo mismo, por supuesto. Lo suyo es pensar, con toda la frialdad posible, en que, literalmente, “no existe un mañana”: la lluvia, una enfermedad, un incendio, mil cosas más pueden estropear las siguientes jornadas de caza. Así que controla lo que puedes controlar: sé siempre paciente aunque agresivo cuando la situación lo requiera.  

Siguiendo con esta lista de faltas graves contra las reglas de la caza con arco, encontramos los PECADOS CONTRA EL SIGILO, muy a tener en cuenta en nuestro arte. Así es, muchos de nuestros compañeros atacan el monte como si fueran a un desfile de modelos, pensando más en que sus prendas camufladas vayan coordinadas entre sí y sean “molonas” que en su efectividad a la hora de comenzar a cazar. El resultado se traduce en una equipación abultada y ruidosa que puede dar al traste con muchas oportunidades de tirar con efectividad.  

El sigilo debe darse también cuando entramos y salimos de muestro cazadero, de camino al puesto o saliendo de él. Es  necesario asumir que podemos espantar a la caza en cualquier momento y sin previo aviso.  El silencio y la caza con arco son inseparables. Procura no cazar con achiperres o ropajes nuevos hasta que no los hayas probado dando un paseo por el monte o en caza menor. Esas pruebas te pueden ahorrar muchos disgustos cuando te enfrentes a una gran pieza de caza mayor. Como regla general, aléjate de tejidos “waterproof” o “windproof”, a no ser que tengas que cazar con un tiempo espantoso; por término medio, todas las prendas de este tipo son muy ruidosas; decántate mejor por equipación realizada en forro polar o en algodón bien suave, sin membranas del tipo anterior, y siempre específica para caza con arco.

Lo mismo podemos afirmar en relación a mochilas y demás chismes por el estilo; controla la disposición de los bolsillos y lo silencioso de las cremalleras; forra sus tiradores con plástico termorretráctil para evitar ruidos sospechosos. 

En cuanto a los tree stands, más de lo mismo. Cuelga el tuyo en cualquier árbol antes de dedicarte a cazar sobre él y busca chirridos y ruiditos inoportunos de madrugada y al anochecer, cuando las condiciones térmicas varían más drásticamente y cuando sueles estar de caza.

El asunto de pasar desapercibidos, tan crucial para nosotros, también sufre algún que otro desprecio por parte de los cazadores arqueros; de alguna manera, es imprescindible el  CONTROL DEL OLOR PERSONAL. A medida que la temporada avanza y visitamos con más frecuencia nuestros cazaderos, nuestro peculiar aroma, muy llamativo para los animales salvajes, se va extendiendo más y más e impregnando la zona, es algo inevitable. Todos los animales que crucen nuestros rastros olfativos se alarmarán ante nuestra presencia dificultando así la consecución de nuestros objetivos. 

Hay que prestar una especial atención a los vientos dominantes en cada lugar y en cada puesto, en cada rececho que vayamos a intentar. El viento nunca es consistente ni continuo y nos traiciona con facilidad y rapidez. Y cuanto más sudemos en el monte, mucho peor. Las grandes piezas han adquirido su tamaño por algo: o controlas de alguna manera el asunto del olor personal o estás perdido, así de claro. Hay quien recomienda ducharse antes de cazar con jabones y champúes sin olor, usando toallas también sin olor y descontaminar a continuación TODO nuestro equipo con productos antiolor. Una vez limpio del todo, hay que guardarlo en bolsas herméticas  sin olor… en fin, tanta precaución puede resultar, a mi juicio, exagerada, pero lo cierto y verdad es que a la hora de disimular nuestros aromas particulares no está de más calarse el gorro de pensar y examinar minuciosamente nuestra forma de actuar antes de llegar al cazadero. En este sentido, procura acostumbrarte a transportar así todo tu equipo ya en tu coche, exponiéndolo solamente a olores “naturales” y propios de cada zona de caza.  

Tremendamente grave resulta otro de nuestros pecados capitales favoritos: NO ENTRENAR CON PUNTAS DE CAZA. Dale caña a tus puntas de caza antes de la fecha de apertura de la temporada; así podrás detectar los problemas que se presenten en su vuelo con la debida antelación. Los mejores resultado se obtienen sin prisas, como tres o cuatro meses antes del día D. Así dispondrás de todo el tiempo que necesites para ajustar con precisión tu arco y buscar consejo o ayuda si ese es el caso. 

No pienses que usar puntas mecánicas te exime de esta regla. Pese a que pueden facilitar el proceso de ajuste, es perfectamente posible que tiendan a impactar en lugares distintos a tus puntas de entrenamiento. Tira con todos los tipos de puntas que que propongas utilizar antes de salir al campo en acción de caza. 

Destaquemos que, en multitud de ocasiones, las puntas de caza no hacen sino amplificar errores propios del ajuste del arco, del estilo de tiro de caza cazador y de otras cosas por el estilo, de manera que no siempre hay que buscar el fallo en ellas. En mi experiencia personal, hay que trabajar mucho hasta lograr un ajuste fino de este tipo de puntas para que funcionen en perfecta simbiosis con el arco y las flechas de neutra elección. Por eso se necesita una buena cantidad de tiempo y una total ausencia de prisas para este menester… así como un buen libro que te ayude en la tarea, como “Manual Básico de Ajuste”, de Alejandro Martín Santamaría, de venta aquí, si cazas con un arco tradicional. 

Una vez que estés conforme con el vuelo de tus puntas, y para evitar seguir pecando clamorosamente, PRACTICA CON ELLAS EN SITUACIONES CERCANAS A LA CAZA REAL, es decir, completamente equipado, vestido y calzado, y subido a un tree stand si es el caso. Y si usas una diana 3D igual a la pieza que intentas abatir y llevas a cabo estas prácticas en el momento del día en el que vayas a cazar de verdad, mejor que mejor. 

Por cierto, yo creo que debemos hablar también del asunto de LA EXPLORACIÓN INSUFICIENTE. Cualquier cazador experimentado estará de acuerdo con que hay que explorar mucho más que cazar, sin duda alguna. Cuando comience la temporada, no te puedes permitir el lujo de desconocer la localización de los puntos calientes que haya en tu coto o cazadero, así como los alrededores de tus puestos y zonas para recechar, pasos y camas. Hay que hacer que los primeros días de la temporada cuenten, según decíamos antes. Dos o tres meses de antelación -dependiendo de la cantidad de tiempo que puedas dedicarle a la caza, claro está- pueden resultar suficientes para cumplir con esta tarea. 

A nadie le gusta poner a prueba su paciencia de una manera excesiva, sobre todo sentado en un tree stand a tres o cuatro metros del suelo cuando no se mueve nada en los alrededores. Pero lo cierto y verdad es que otro pecado más o menos frecuente consiste en olvidarnos de CAZAR DURANTE LAS HORAS CENTRALES DEL DÍA, ocasiones que pueden también ofrecer resultados aunque no se trate de los momentos cinegéticos clásicos que todos conocemos. 

Durante años, y por si nos sirve de pista, las estadísticas americanas demuestran que la mayoría de piezas de caza mayor han sido abatidas durante las horas centrales del día. Así pues, salvando distancias y diferencias entre nosotros y nuestros colegas del otro lado del charco, creo que lo suyo es estar preparado para cualquier cosa en cualquier momento del día y ejercitar la paciencia: nunca sabemos cuándo va a saltar la liebre, nunca mejor dicho… 

Ni que decir tiene que para poder aguantar más horas en un puesto, está claro que hay que equiparse adecuadamente con ropa y calzado, cojines para el asunto y calentadores si fueran necesarios. Agua, algunos frutos secos y una botella vacía para poder orinar cuanto toque, son cosas siempre bienvenidas. 

Y hablando de llegar hasta tu tree stand en silencio, como antes comentábamos, aunque resulte muy cómodo desplazarnos por los bosques usando una linterna de mano o frontal, lo suyo es ACOSTUMBRARSE A MOVERSE EN LA OSCURIDAD sin ayudas de este tipo, siempre dentro de lo posible, para no alertar en absoluto a las posibles piezas. (Por cierto, para mejorar nuestra visión en la oscuridad, dos consejos básicos: dejad de fumar y consumid mucha vitamina C; los resultados son francamente llamativos, creedme).

Hay muchas personas que sienten miedo a la oscuridad, sin duda herencia ancestral de los tiempos en los que éramos piezas en la dieta de depredadores superiores. Si ese es tu caso, no hay de qué avergonzarse; utiliza una linterna con un foco rojo o verde, que hace más difícil para los animales salvajes la detección clara de la luz.  Si utilizas cuerdas o señales fosforescentes para señalizar el camino hacia tus puestos, el asunto también puede funcionar a la perfección. 

¿Y qué me dices de esas ocasiones en las que ESPERAS DEMASIADO para soltar la flecha? Este es un asunto desde luego francamente complejo, aunque, por regla general, parece una buena idea aprovechar la primera oportunidad que se presente sin que tú hayas forzado las cosas: si esperamos para ejecutar el disparo absolutamente perfecto, creo que no es necesario explicar las consecuencias.  

Si tu presa se pone a tiro, si tu flecha tiene el camino libre para alcanzarla y si el ángulo de tiro es correcto, abre el arco sin dudarlo y con la antelación necesaria, sobre todo si cazas con un poleas; con un tradicional la cosa puede variar por la naturaleza del disparo, pero será similar. 

Lo suyo es no moverse demasiado justo delante de tu pieza, obviamente. La paciencia es fundamental en la caza con arco, pero el exceso de ella puede ser tan perjudicial como el defecto. 

Observa la escena lenta y metódicamente, pero no pierdas de vista que tienes que reaccionar con rapidez cuando se presente la oportunidad que estás esperando.

Efectivamente, porque puede ser la única oportunidad que tengas en toda la temporada: recuerda que hablamos de caza, no de tiro al blanco, y encima, con arco… 

Hasta otra, nómadas, y buena caza. 

Anuncios

Acerca de Leizael

Abogado, juntaletras, cazador arquero apasionado... y muy poca cosa más, creo.
Esta entrada fue publicada en Artículos y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s