A cámara lenta

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Recientes investigaciones por parte de un organismo llamado Laboratorio para los Cérvidos de la Universidad de Georgia, Estados Unidos, comparten con nosotros un punto de vista muy llamativo sobre un peculiar asunto: la velocidad a la que un ciervo cola blanca -pariente cercano de nuestro corzo, como sabemos- procesa las imágenes que su vista capta y cómo perciben su entorno. Que no os despiste ni os haga dudar lo chusco del nombre de dicha institución, hermanos, aunque podría entender vuestras dudas.

Al turrón. Parece ser que los ciervos reciben información visual a mucha mayor velocidad que nosotros, lo que les hace más sensibles al movimiento. Ven cualquier tipo de movimiento como a cámara lenta, hecho que les permite reaccionar a mucha mayor velocidad. Y, siendo esto cierto a cualquier hora del día, la diferencia con la capacidad de reacción de los seres humanos llega a ser cuatro veces superior durante el amanecer y el ocaso, es decir, los períodos de mayor actividad de los venados y las horas que los cazadores preferimos para el rececho y el aguardo. Malas noticias, me temo.

Bien. Ahora que sabemos que nuestros cérvidos nos ven a través de su propia app de cámara lenta, se nos ocurren para empezar dos cosas: a) esto es una faena de las buenas, y b) nos acordamos con total y dolorosa claridad del corzo que fallamos la temporada pasada porque esquivó la flecha: un maestro del string jumping, que dirían nuestros compañeros de afición americanos.

Así que, como no es que podamos hacer gran cosa para que nuestra arma favorita dispare más deprisa, puede que sea prudente charlar un poco sobre algunas cosas que nos ayudarán a camuflar nuestros movimientos de camino al puesto, mientras estemos en él y al salir hacia nuestro vehículo, ya acabada la espera. No espereis descubrimientos de la misma importancia que el de las sopas de ajo, pero nunca está de más reflexionar detenidamente sobre nuestros hábitos en esta materia.

1.- Plantado de pantallas: se ha escrito mucho sobre este asunto en las revistas del sector, y es algo que parece funcionar. Un buen macizo de árboles, arbustos o matorrales densos, plantado en los alrededores de nuestro puesto favorito para bloquear la visión de nuestra presa, puede ser realmente eficaz, siempre y cuando tengamos líneas de tiro despejadas a través del mismo. Si no los hemos plantado, podemos también cortar ramas de distinto tamaño, atarlas en brazadas y colocarlas por los alrededores haciendo montones, con la debida antelación.

2.- Estudio del terreno: La topografía es un gran invento, sin duda. Usándola, podemos reconocer los tipos de plantas, arbustos y árboles que más les gustan a los ciervos, hecho que afecta indirectamente a sus desplazamientos y a su forma de comportarse. De este modo, y a partir de un simple mapa topográfico y de una fotografía aérea de la misma zona, podemos visualizar, a grandes rasgos, los patrones de movimiento de nuestros objetivos. Cierto, analizar e interpretar acertadamente estos datos requiere determinada experiencia, pero con el tiempo desarrollaremos nuestra intuición y la habilidad de predecir con posibilidades de acierto dónde estarán los ciervos, hacia dónde querrán ir y cómo se las ingeniarán para llegar hasta allí. Llegados a ese punto, podremos utilizar las particularidades del terreno a nuestro favor, procurando no espantar a los animales y permanecer tan a cubierto como sea posible mientras entramos y salimos del apostadero.

Dado que los venados siguen el camino que menos dificultades les ofrece -como todo hijo de vecino- , parece lógico hacer justo lo contrario. Hay que caminar atravesando los sembrados y manteniéndonos perpendiculares a sus bordes. Hay que aprovechar las zonas de poca altura y las depresiones naturales para evitar que nos vean. También es prudente utilizar los lechos de los arroyos y otras torrenteras cuando nos sea posible, que además nos ofrecen la ventaja añadida de controlar nuestro olor a base de caminar por el agua tanto como podamos.

3.- Abrir sendas por adelantado: Si existen obstáculos naturales que dificultan nuestro avance hacia el puesto, lo mejor es abrir un camino a través de ellos basándonos en nuestro conocimiento del comportamiento de los venados. Y hay que hacerlo adelantándonos lo suficiente a la temporada, lógicamente, para evitar cualquier actividad que espante a la caza en el peor de los momentos. Conozco a alguno que llega a utilizar un soplador como los que usan los barrenderos para limpiar el camino de hojas tanto como pueda, asegurándose así de caminar en completo silencio, pero supongo que la cosa no es para tanto. Por cierto, atentos al asunto porque puede ocurrir, tarde o temprano, que los ciervos se acostumbren a aprovechar las sendas que abramos, así que hay que estar preparados para explorar y abrir nuevos caminos si eso llega a ocurrir.

4.- Dar un rodeo es algo muy sano: A lo mejor ni habría que explicar esto, pero hay que evitar los lugares en los que los ciervos quieren estar en el momento en el que puedan estar, según lo que sabemos de ellos. Así que evitemos pasearnos por medio de sus zonas de alimentación o de los cebaderos  a las horas en las que se alimentan, por ejemplo. Nos costará un poco más de tiempo y de planificación entrar y salir de los puestos, pero puede merecer la pena si conseguimos engañar a nuestras escurridizas piezas.

Esto por lo que respecta a los momentos que pasamos dirigiéndonos hacia el puesto. Una vez cómodamente instalados en el mismo, sigamos tomando precauciones.

5.- Enciérrate: Sí, lo has entendido bien. No uses un stand, me permito aconsejarte. Los blinds de suelo o elevados, hechos a mano o comprados, tienen paredes, que nos ofrecen una valiosísima ventaja frente a nuestras presas. Asegurémonos, eso sí, de instalarlos con una cierta anticipación para que los ciervos se acostumbren a su presencia. Los venados no son idiotas. Están diseñados para la supervivencia y contemplar un nuevo objeto en su panorama habitual, como un blind saliendo de la nada, desencadenará en ellos una natural reacción de curiosidad. Aunque precisamente por ello es posible que alguno caiga en nuestras garras, lo más clásico, según la infame ley de Murphy, será que ese hecho provoque un cambio significativo en la conducta de los animales y de su comportamiento en la zona, lo que puede reducir nuestras posibilidades de éxito.

6.- Cobertura natural: Cuando estemos explorando para montar un nuevo puesto, ya se trate de un blind, de un puesto de suelo o de un tree stand, hay que prestar atención a la posibilidad de usar la naturaleza para romper nuestra silueta y evitar que se recorte contra el cielo o contra zonas despejadas. Localizar árboles con más de un tronco, árboles de gran diámetro, grupos de vegetación densos y árboles altos mezclados con matorrales de tamaño medio en cuyas inmediaciones podamos colocar los puestos, nos ayudará a camuflar nuestra presencia. El asunto consiste en intentar visualizar desde los puntos por los que suponemos que pueden entrar en el apostadero los venados la apariencia general del mismo, asegurándonos de que no destaca en absoluto en la escena.

7.- Cobertura artificial: Ni que decir tiene que, a falta de cobertura natural, podemos echar mano de una buena lona de camuflaje para rodear minuciosamente nuestro puesto o bien crear uno a base de un soporte de madera y planchas de madera de balsa o similar, convenientemente pintadas.

8.- Múevete despacio, nada más: Y finalmente, el que sin duda es el mejor consejo de todos, repetido hasta la saciedad: hay que moverse muy despacio, como si estuviéramos atravesando un campo de minas. Hay que permanecer concentrado a tope en el entorno y pensar, simple y llanamente, que cada vez que nos rasquemos la nariz, comprobemos el WhatsApp o echemos mano de los binoculares para  inspeccionar la zona, nos pueden ver a la perfección. Cada uno de nuestros movimientos tiene que tener un propósito y debemos realizarlo al menos cinco veces más despacio de lo que lo haríamos en otra situación. Esto es crucialmente cierto cuando nos ponemos en posición de tiro, al agarrar el arco o iniciar la apertura.

En fin, no se trata más que de utilizar el sentido común, que por otra parte es el menos común de los sentidos, como todo el mundo sabe. Pero la verdad es que una especial atención al detalle durante la planificación y la ejecución de nuestras jornadas de caza puede suponer la vital diferencia entre el triunfo y el fracaso.

Un abrazo y buena caza.

Somos nómadas, somos tribu.

 

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Acerca de Leizael

Abogado, juntaletras, cazador arquero apasionado... y muy poca cosa más, creo.
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2 respuestas a A cámara lenta

  1. Una chulada amigo. Tan real como es, estos animalillo son asi de astutos, más que algunospolíticos . jajajaja. Un abrazo.

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