Nosotros y los chicos de blanco

Eran, sin lugar a dudas, otros tiempos. Desde luego, aún no acierto a discernir si mejores o peores, pero claramente distintos. Los primeros arqueros cazadores  -¿o cazadores arqueros?-  que comenzábamos a patrullar los bosques de este nuestro país, éramos hombres jóvenes y saludables, llenos de vida y de fuerza. Nos veíamos a nosotros mismos como modernos héroes románticos, adalides de nuevas noticias que hacer llegar al ancestral mundo de la caza, y como tales nos comportábamos. Disfrutábamos con la aparente falta de disciplina que nuestro entrenamiento suponía, y tan sólo pensábamos en disparar sentados, de rodillas, tumbados o agachados, evitando aspectos esenciales previos a ese pintoresco modo de aprender las reglas del arte.

Es más, nos carcajeábamos, como modernos Sherwood’s Merrymen que éramos, de la rigidez y la estricta disciplina que reinaba entre los compañeros de tiro de precisión, tan estirados, tan vestidos de blanco, tan serios, callados y formales ellos, siempre pensando en agujerear blancos cada vez más lejanos, siempre mirando amenazadores a quien osase hablar en voz alta, olvidando que la verdadera emoción del asunto reside en escuchar a escasísima distancia el inquieto resollar de la presa, mezclado con el tremendo martilleo del propio corazón, borracho de adrenalina.

Aquellos barros trajeron estos lodos. Hablando de olvidar, nosotros olvidamos la tremenda importancia que tiene la preparación física para todas aquellas artes cinegéticas que, como la nuestra, exigen un cierto grado de tono y tensión musculares, una capacidad de reacción elevada y unos movimientos ágiles y precisos.  El tiro de precisión me sigue pareciendo  -dicho sea con todo el respeto del mundo-  un asunto ajeno a este planeta, una pirueta extraña y mágica, que desafía todas las leyes de la física para lograr su fin, aunque ya no me río de nadie, como no sea de mí mismo, supongo que como fruto tardío pero jugoso, propio de la edad.

Porque si alguien sabe de calentamiento, estiramiento, rutina física y repetición, ese es un arquero de precisión, aunque no sea un tirador de élite. Y ese no es un asunto para reírse, ni poco, ni mucho, ni nada. Nuestro deporte no es físicamente peligroso, al menos no en grado preocupante; no lo podríamos calificar como extremo. Pero las lesiones que puede producir en hombros, espalda y codos son muy molestas y muy largas de sanar, amén de francamente dolorosas.

Cierto y verdad es que, una vez en el monte, camino del puesto o del tan esperado rececho, la fiebre de la caza nos posee de pies a cabeza, y no pensamos en otra cosa que no sea el lance y la pieza; ni se nos pasa por la imaginación calentar minuciosamente los músculos adecuados y mucho menos estirarlos, si bien es cierto que el estiramiento sin calentamiento previo es más nocivo que su total ausencia.

No os equivoquéis, nómadas. No abogo por calentar y estirar media hora antes del cacerío  -aunque, bien pensado, ¿por qué no?-  pero sí creo oportuno cuidar todos estos extremos antes, durante y después de la temporada. Personalmente, entreno mi forma física seis horas a la semana, incluyendo calentamiento, estiramiento, preparación cardiovascular y pesas, y, creedme, el tabaco y los gin-tonics pesan bastante menos que antes. Padezco muchísimas menos contracturas y tirones que hasta ahora, y abro mis arcos con más facilidad, con más confianza. Posiblemente no haga falta tanto, pero, insisto: es fundamental prepararnos muscularmente para el trabajo que nos espera ahí afuera, para afrontarlo con más garantías de éxito y menos dolores de espalda…. máxime a ciertas edades.

He encontrado una página, entre los muchos miles que supogo habrá en la red, que me permito recomendaros. Es muy clara, muy completa y además puede descargarse en un smartphone vía navegador: www.estiramientos.es . Últimamente, viaja siempre conmigo y me está resultando tremendamente práctica y beneficiosa.

Mis disculpas para los serios chicos de blanco, aunque sean tardías. Y mi agradecimiento.

Hasta otra y buena caza.

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Acerca de Leizael

Abogado, juntaletras, cazador arquero apasionado... y muy poca cosa más, creo.
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