Caza Urbana, servicio público.

La presión que el hombre viene ejerciendo contra su medio ambiente, y la depredación que efectúa contra el mismo, no son noticias nuevas, por desdicha. Su insaciable necesidad de alimento, de progreso, su incontenible expansión, acorrala a la fauna salvaje en zonas cada vez más pequeñas y pobres en recursos. Como es lógico, nada escapa al inmutable principio de acción y reacción, con lo que la fauna agredida reacciona como le corresponde, es decir, invadiendo los territorios que antaño le pertenecieron.

En entornos con gran densidad de población animal, como en el caso de muchas zonas del medio oeste americano, no tiene nada de particular desayunar a la vista de un par de hermosos colablancas pastando tranquilamente en el jardín de la casa. Tan bucólica y tierna escena se repite machaconamente en algunas zonas de nuestro querido país, si bien, en este caso, los protagonistas no son ciervos, sino jabalíes. Voraces y andariegos, llegan a barrios y ciudades dispuestos a satisfacer su impulso más básico: la búsqueda de alimento, del que carecen en sus localizaciones habituales.

¿Primera reacción del gran público, o, por mejor decir, de los propietarios de las fincas que sufren sus desmanes? Por supuesto, y como no podía ser menos, experimentan un ataque agudo del síndrome Walt Disney, que les empuja a alimentar a los animalitos, sin duda esperando que les deleiten con sus bailes y canciones, tan humanos ellos, pobrecitos. No hay que hacerles daño; hay que mimarles y quererles y, si fuera posible, acariciarles tiernamente y fotografiarse con ellos. Unamos a este síndrome  -que no he descrito clínicamente yo, ni mucho menos- una cierta imagen de la caza, en cualquiera de sus formas, como una actividad típica de un sector de población dotado de cierto poder adqusitivo y, en consecuencia, ranciamente conservador y siempre identificado con las posturas de la derecha más radical, y tendremos un auténtico cóctel Molotov, salpimentado, además, con la acrisolada ignorancia  -sí, ignorancia-  de la que hace gala la gran mayoría de la población no cazadora sobre los modos y maneras de practicar la actividad cinegética, de sus ventajas e inconvenientes y de sus cuestiones éticas y económicas más complejas. Ni que decir tiene que esta imagen es políticamente correcta y electoralmente rentable, por causas en las que no me voy a detener en este momento. Sigamos adelante con la cuestión.

La cosa comienza a cambiar cuando se producen daños graves en propiedades privadas y públicas, cuando se diezman las cosechas, cuando menudean los accidentes de tráfico, cuando, en fin, nuestro sentido de las propiedad acaba por vencer al curioso síndrome antes descrito. Entonces sí; mediando lesiones en nuestros bolsillos, hay que acallar los gritos de nuestro dañado peculio: tremendamente típico, ¿no?

Y es en ese momento en el que cobran un especial protagonismo nuestras particulares artes cinegéticas. Como una manifestación más del poder de la caza con arco en su faceta de herramienta de gestión de entornos naturales, se acude a nosotros en demanda de control de esas poblaciones famélicas y dañinas. Eliminarlas sin alterar el medio, sin crear alarma social -inevitable ante la presencia de armas de fuego en plena población- es una tarea que parece perfectamente diseñada para encajar con nuestra concepción de la caza.

Al otro lado del Atlántico se están llevando a cabo provechosas experiencias en este sentido; el estado selecciona a determinados clubes de caza a cuyos miembros confía esta delicada tarea, siempre desde la concepción anglosajona del servicio público y desde la idea del conjunto faunístico americano como national heritage, propiedad de todos los ciudadanos. La histeria anticaza, tan extendida allí como aquí, tiene forzosamente que ceder ante la idea del bien común, en cuya búsqueda se emplean los medios menos lesivos en términos generales, es decir, la caza con arco.

Posiblemente sorprenda saber que en España también se han llevado a cabo este tipo de experiencias con excelentes resultados, pero esa es la realidad, guste o no. Creemos interesante seguir avanzando en este amplio campo de experimentación, siempre sujetos a cuestiones legales de ineludible cumplimiento. Desde luego, se puede discutir si en esa tesitura nos hallamos o no en acción de caza. Esta se practica en cazaderos, en cotos, en zonas libres o en fincas dedicadas a su explotación, no en entornos urbanos. ¿Cabe hablar, entonces, de una especialísima labor cinegética, equiparable en cierto sentido a la labor de los bomberos o la de los policías? ¿El cazador, cuando practica sus artes en pro del bien común, se encuentra investido de una cierta categoría administrativa? Entendemos que así es, efectivamente; todo ello quiere decir que la caza urbana habría de practicarse bajo el directo control de las autoridades municipales competentes en cada entorno, ni más ni menos.

A la hora de seleccionar clubes o individuos particulares debe emplearse un rigor a toda prueba; ahí radica el éxito o el fracaso de todo el proyecto. Además, debe garantizarse la perfecta comprensión del asunto por parte de la población civil afectada, así como su apoyo, en la medida en que esto último sea posible. ¿Medios para conseguir este fin? La pregunta es retórica en los tiempos que vivimos, bajo el imperio del multimedia.

Y ¿por qué no? De la mano de especialistas en la materia, que ya los hay entre nosotros y de probada valía, instrumentar un curso de capacitación que garantizase de alguna manera la preparación del cazador que desease colaborar en este tipo de proyectos, que tarde o temprano se demandarán en España. Sin lugar a dudas, y en lo que de nosotros dependa, no será la última vez que nuestra comunidad oiga hablar del SUBA (Spanish Urban Bowhunting Accreditation).

Tiempo al tiempo; mientras tanto, hasta otra y buena caza.

Acerca de Leizael

Abogado, juntaletras, cazador arquero apasionado... y muy poca cosa más, creo.
Esta entrada fue publicada en Artículos y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s